Historia


La historia de las Bardenas Reales de Navarra está muy ligada a la vida rural y al uso de la tierra por las comunidades locales a lo largo de los siglos. Aunque hoy parecen un paraje desierto, estas tierras han tenido un papel muy importante desde la Edad Media. 


Originalmente, las Bardenas fueron tierras comunales. Esto significa que no pertenecían a un propietario privado, sino que podían ser utilizadas por los pueblos vecinos para pastar el ganado, cultivar alimentos y recolectar leña. Estas prácticas duraron siglos, y el uso comunal ayudó a mantener el equilibrio del ecosistema. Su nombre, "Bardenas", proviene del término "bardena", que en castellano antiguo hacía referencia a tierras sin cultivo fijo, es decir, zonas de pasto.


Durante la Edad Moderna, las Bardenas fueron también escenario de disputas entre nobles y comunidades locales por el derecho al uso de la tierra, ya que era un recurso valioso en una zona con poca agua y recursos agrícolas limitados. A pesar de estas tensiones, los habitantes aprendieron a convivir con este terreno hostil, adaptando su economía al pastoreo, la agricultura estacional y la recolección de productos naturales.

En el siglo XX, las Bardenas Reales adquirieron un uso militar parcial: algunas zonas fueron cedidas al ejército español para ejercicios de entrenamiento y pruebas, lo que todavía hoy limita algunas actividades turísticas, pero también ha contribuido a que grandes extensiones se mantengan casi intactas, conservando su valor natural.


En 1999, las Bardenas fueron declaradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO, reconociendo su importancia ecológica, geológica e histórica. Hoy, además de su uso turístico y natural, las Bardenas son un testimonio de cómo los humanos han interactuado con un paisaje duro pero lleno de vida, adaptando sus costumbres a un entorno único en Europa. 

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